La Cuenca de Fafnir

La Cuenca es el lugar donde se desarrollan el grueso de las aventuras de La Herencia de los Astralnautas. Técnicamente comprende el espacio entre las montañas de Beinnor al oeste y las montañas de la Vyverna al este, aunque hay quien extiende sus dominios hasta más allá de las montañas del oeste. 

Antaño, hace como trescientos años, estaba formado por cinco reinos independientes: 
Colubria en el centro, con la sede de los caballeros Redah, la misteriosa torre de Jurgen en el centro de la pristina metrópolis de Sivopole. Al sureste se encontraba Qetharmid, antiguo reino de mercaderes, druidas y sabios. En su ciudad junto al río, Rivan, se encontraba la universidad de Fafnir. Pero cuando los druidas decidieron que su bosque de árboles de roble sangrante había sido mermado suficiente y sus dracos y dríades despellejados y masacrados sin freno alguno, realizaron un terrible ritual que hizo crecer el bosque. El bosque de la sangría se llamó desde entonces, pues sus árboles y raíces tomaron todo lo que les habían arrebatado a lo largo de los siglos. 
Al este se encuentra Duirain, antiguo reino compartido entre daunmer y hombres de Rhim. Hoy día no se encuentran ya en las llanuras de Duirain ni los unos ni los otros. Ahora Toscara, la ciudad que preside la meseta más elevada junto a las montañas de la Vyverna, es la sede de la iglesia de Wotan. 

Al oeste tenemos a Beinnor, el reino más gris y desdichado, según el prisma por el que le miran las demás naciones. Orcos, goblins, Plagas, elfos ceniza... si alguno quiere pasar a La Cuenca, debe pasar por Beinnor. Los habitantes de la ciudad de Amon-Beinn, excavada en la propia montaña, están orgullosos de su herencia de protectores de los reinos de los hombres libres, incluso es el único reino en el que una mujer puede ser nombrada caballero. 

Por último, al sur tenemos a Érimos, el reino que hace ni un siglo había sido rico, abundante y próspero. Pero la llegada de la segunda luna y el fimbulvetr lo destruyó todo. Ahora excepto por la bahía del dragón, es todo un yermo desierto. 

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Planes, planes, tiempo y planes.

Habemus Rupert